martes, 10 de julio de 2018

Recuerdos

Hoy me acordé de ti, no es algo tan simple, si fuera como la ha sido en otras ocasiones no tendría una opresión en el pecho y los ojos a punto de llorar, esta vez recordé ese día, el momento en que me dijeron que tus ojos se habían cerrado, tu respiración se calmo y simplemente tu corazón yo no palpitaba más. Ese día me anunciaron sin palabras que no volverías a sonreírme, ni siquiera escucharía tu voz, y que la última vez que te vi no sabías quién era en realidad.

Ese día tu vida se termino y parte de la mía se fue contigo, mi mente se concentraba en consolar a los demás que lloraban tu perdida, y sabía que el ser fuerte era indispensable. Mis horas transcurrían sin pensar en nada, me di a la tarea de anunciarlo a quiénes te conocían y sabían de tu estado de salud, pero solo era un sueño más en mi mente.

Cuando llegaste para que todos te pudiéramos despedir mi mente viajaba, nadie me dejaba verte y seguía siendo fuerte, sonriendo por afuera aunque mi fortaleza se destruía poco a poco sin darme cuenta, y de repente sonó esa canción que tanto me fastidia, "Frente a frente" con Enrique Bunbury, esa tonada me decía que tu ya te habías ido y jamás regresarías para estar a mi lado.

Las horas pasaron y mi consuelo llegaba a los demás, la gente entraba y daba las condolencias por lo ocurrido pero yo seguía queriendo que fuera un mal sueño, que al despertar te iría a ver y volverías a sonreírme, a decirme lo mucho que me querías y que no te irías de mi lado; pero tenía que empezar el rosario con sus cánticos de adiós y ahí, en esos momentos, me di cuenta que no era un sueño, mi realidad era la que vivía en ese momento, el fin de tu vida había llegado. Me di cuenta que jamás te podría abrazar de nuevo, no volvería a ver tu rostro, no escucharía tu voz, no sabrías lo importante que eras en mi vida y lo mucho que me hacías falta, en ese momento las lágrimas lograron salir de mis ojos y no pude sostenerme más, mi único sostén fue mi pequeño sobrino, Dios mío era un pequeño y me apoyo para no caerme, el fue quién me hizo fuerte para seguir adelante con lo ocurrido.

No tengo recuerdos del momento en que te dejé y me fui para ver otras cosas, donde me quede dormida en un sofá y alguien me llevo a la cama porque el estar despierta era una tortura; te falle por no quedarme contigo toda la noche.

Al siguiente día no podía comer, era un asco tener alimento en mi cuerpo cuando el tuyo jamás lo podría probar. Y al momento que te deberías ir, ese instante para despedirnos no podía creer verte ahí, en tu ataúd, como si estuvieras dormido sin despertar jamás; tiempo atrás había visto a mi familia así, pero contigo fue diferente, tú eras quién me había dado la vida y ahora la habías perdido, y yo me había perdido junto contigo.

Nadie se encontraba a mi lado, me volví invisible para todas las miradas, no existía para aquellos que me rodeaban y parecía que mi mundo se hubiera convertido en un espacio reducido. Al llegar a la iglesia para darte el adiós religioso me encontré con varias personas que me ofrecieron sus brazos para consolarme, no podía creer que todos mis compañeros de universidad estuvieran ahí, a mi lado, en apoyo a lo que me estaba pasando.

Tu no querías salir de la carroza funeraria, y alguien me dijo que no estabas preparado para irte, no tienen idea de cuanto me dolió saber que no querías estar muerto, que querías estar a nuestro lado, viviendo como nunca lo habías hecho; jamás olvidaré ese comentario porque me hizo pensar que no era el tiempo para que te fueras de nuestro lado y sin embargo, el destino me dio una mala jugada para llevarte de mis brazos.

No sé que paso en tu misa, solo recuerdo algunas personas que se despidieron de ti, y a mi primo casi desmayándose, todos sabíamos que eras como un padre para él. Y a tu voluntad te llevamos al panteón junto a tus padres, sé que los amabas tanto como yo a ti, y en ese recorrido yo iba sola, seguía siendo invisible para mi alrededor, hasta que una amiga me encontró y me llevo a su lado. No recuerdo todo lo que paso, tal vez mi mente quiso bloquear esos recuerdos; pero sé que cuando llego el momento de decirte adiós antes de enterrarte mi primo lanzo un puño de tierra diciéndote "Adiós papá" y esas palabras rompen cada uno de tus pedazos que siguen de pie; yo te di mi último adiós y por más que quiero recordar, no tengo idea de quién te dio las palabras de adiós porque sé que nosotros no podíamos ni hablar, y llego el punto de que te fueras y no regresaras, y los brazos de mi tío tuvieron que ser mi sostén para llorar, gritar y llorar porque el dolor ya no cabía dentro de mi cuerpo y tenía que salir sino explotaría....

Esta es la pero historia que me ha ocurrido, tenía 18 años cuando lo perdí, mi padre falleció por negligencia medica y no pudimos comprobarlo, lamentablemente se perdió su vida y todos quedaron ciegos ante la situación. Parte de mi corazón se quedó en ese entierro y se fue a su lado.

Muchos me dijeron que me sintiera dichosa por haberlo tenido en mi vida, pero en esos momentos no entiendes las palabras, solo sabes que perdiste a un ser que amas con todo tu ser y que nunca lo volverás a ver.

Está historia no la puedo contar en voz alta porque el nudo en mi garganta no me deja hacerlo, y simplemente escribirlo hace que lloré y me convierta en un mar de lágrimas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario